Templo de Santiago de los Caballeros

Se cree que en el solar que hoy ocupa el templo se edificó un primitivo templo en el transcurso de los últimos años del siglo XII o en los comienzos del siguiente. Se levantó aquél siguiendo los modelos artísticos del románico de transición al gótico.

Las huellas de esta construcción primitiva puede advertirse en algunas partes del Retablo mayortemplo actual, especialmente en la de los pies y el hastial, en las mismas portadas, aún conservadas; así como en los canecillos que otrora ocupó la cornisa del tejado.

No sabemos cuál fue la causa de que el primitivo templo fuese tan profundamente modificado entre los años 1.546 y 1.570.

Lo cierto es que en los años postreros de su vida, don
Francisco de Carvajal y Sande, arcediano de Plasencia –fallecido entre el 5 de Abril y el 12 de Mayo de 1.556-, primero, y después los testamentarios de tal mecenas, en cumplimiento de sus mandas y a expensas de los bienes legados, levantaron y ornamentaron el actual templo que, salvo algún añadido posterior, quedó en el estado que hoy presenta.

Durante nueve años trabajaron en su fábrica una legión de artistas y obreros. Las obras se iniciaron bajo la dirección de Rodrigo Gil de Hontañon, a quien se debe la capilla mayor y la sacristía. Conclusas esta, las relaciones entre el arquitecto salmantino y el arcediano se agriaron, hasta el extremo de que aquel fue liquidado (10 de Noviembre de 1.553) por el total de la obra que realzaba, más algún material y herramientas que dejó en ella.

Tras este accidentado episodio se hace cargo de la dirección, en 1.554, el arquitecto trujillano Sancho de Cabrera, quien dio nuevas trazas.

En 1.557 la obra iniciaba su última fase con la contratación al cantero Pedro Cristo de las IndulgenciasGómez, que había trabajado anteriormente a las ordenes de Rodrigo Gil, de la construcción del coro elevado del templo y algunas otras obras de remate, entre las que se cuenta la del encintado de los simulados sillares, revoco que cubriría los parámetros del templo, excepto las capillas particulares.

Obra destacada en él es su hermoso retablo, contratado, el 24 de noviembre de 1.557, al escultor vallisoletano Alonso de Verruguete, a la sazón en Cáceres, de paso para Toledo.

Fue precisamente el sepulcro de cardenal Talavera en el toledano hospital de Afuera y otras circunstancias la causa de que el insigne escultor abandonase el retablo cacereño, dejándolo sin concluir cuando en 1.561 fallece, no instalándose en este templo hasta 1.570. Es, pues, en su conjunto, el retablo, obra póstuma del taller de tan acreditado escultor aunque en algunas de sus tablas se advierte claramente la impronta personal del gran artista. Rematan la arquitectura de dicho retablo dos escudos policromos del linaje Carbajal (banda de sable con bordura de hojas de encina sobre campo de oro).

Cierra la capilla mayor una hermosa verja, realizada en Peñaranda en la segunda mitad del siglo XVI y obra de Francico Nuñez. En esta capilla es de admirar la magnífica imagen barroca de la Inmaculada, en altar dorado del mismo estilo y época.

Frente a éste, la puesta que da acceso a la sacristía, cuyo vano, en arco de medio punto, presenta sobre sí, a modo de tímpano, un espacio semicircular que ornan Jesús Nazarenodiversos relieves policromados, entre los que destaca el escudo de los Sande (águila y como bordura un cordón franciscano). A la izquierda y en un altar moderno, una bella imagen de San Blas, talla del siglo XV. Y el pequeño Cristo de los Milagros, imagen que en lejanos tiempos presidía las ejecuciones. En una de ellas, es tradición, que los clavos del crucificado saltaron, hecho que se entendió como palpable prueba de la inocencia de los reos.

En esta iglesia son dignas de mención tres imágenes más:

Una es el Cristo de la Indulgencias, cuyo nombre se debe a las concedidas por el Papa Gregorio XII. Impresionante imagen gótica, datada en los comienzos del siglo XV, una de las primeras esculturas procesionales del estilo castellano.

Otra la de Jesús Nazareno, una de las imágenes más venerada de Cáceres, tallada por Tomás de la Huerta en 1.609. Es de impresionante patetismo, expresión del humano dolor, exenta de todo hierastismo. La cruz que porta es obra del siglo XVIII, realizada en carey por el artista sevillano Pedro Barrés.

La tercera es Ntra Sra de la Esclarecida, talla gótica que puede datarse en el siglo XIV o XV.