Iglesia
de San Mateo
La
primera referencia histórica de este templo es de 1.345, aunque el actual
edificio se construyó en el siglo XVI. Se ubica en la zona más elevada
del casco histórico, rodeado de palacios y casas señoriales de gran atractivo.
El
presbiterio y el primer tramo (de la nave pertenecen a los primeros años
de la centuria renacentista, levantándose el resto entre 1.550 y 1.602,
fecha en que se da por concluido. No obstante, a lo largo de los siglos
XVII y XVIII aún se realizan algunas
obras, como la torre, que se concluye en 1.780.
Consta
de una sola nave, de gran altura, se cubre con bóveda de crucería sencilla
sobre arcos apuntados, al igual que las capillas laterales que fueron
añadidas en el lado del evangelio, siendo la más destacada la de los Sande,
transformada hoy en sacristía, que fue trazada a mediados del siglo XVI
por Rodrigo Gil de Hontañón. En el lado contrario también se abrieron,
empotradas en el muro, varias capillas para enterramientos, ya que en
esta iglesia recibieron sepultura las familias asentadas en esta parte
de la ciudad, como los Ulloa, Golfines de Arriba, Perero, Ovando y los
citados Sande, entre otras.
En
el interior destaca la portada de los pies, de estilo plateresco, realizada
a mediados del siglo XVI, compuesta con arco carpanel casetonado encuadrado
por columnas sobre plinto, situándose en las enjutas sendos medallones
con los bustos de San Pedro y San Pablo; un entablamento con la figura
de San Mateo remata el conjunto. En esta misma fachada, y al lado de la
epístola, se eleva una espadaña angulada, compuesta
con dos cuerpos con vanos de medio punto, mientras que en el lado del
evangelio se alza la torre, más voluminosa, con sillería y ladrillo, abriéndose
en el cuerpo superior los vanos que albergan las campanas.
En
este templo intervinieron afamados arquitectos del siglo XVI, entre los
que destacan Pedro de Ybarra, Pedro de Marquina, Pedro de Ezquerra y el
citado Rodrigo Gil de Hontañón. A Guillén Ferrant se le atribuye la portada.
Entre
los elementos muebles que contiene esta iglesia destaca el retablo mayor,
obra realizada en la segunda mitad del siglo XVIII por Vicente Barbadillo,
con tres cuerpos y otras tantas calles, sin policromar. Asimismo es notable
la pintura existente en la capilla meridional del lado del evangelio,
donde se representa el Cristo de la Encina, cuyo interés radica fundamentalmente
en su original composición iconográfica.
Entre
otros elementos pictóricos y escultóricos, merece atención la escultura
yacente de finales de la Edad Media, existente en el presbiterio, perteneciente
al enterramiento de la familia Ovando.
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