Aunque,
en general, la región extremeña ha sufrido una gran micofobia hasta
hace pocos años, no obstante, se puede hablar de una tradición histórica
en el consumo de criadillas de tierra, pero no como producto sofisticado y de
moda, como es en la actualidad, si no de subsistencia, al igual que otros muchos
productos naturales de crecimiento espontáneo, cual es el caso de los cardillos,
espárragos trigueros, rabiacanes, conejuelas... o incluso lagartos y ranas...
También podemos mencionar el consumo de algunas especies del Gen Lepiota
en distintas zonas, como es el caso de Valencia de Alcántara, donde se
denominan «tortullos», en Ahigal y alrededores se conocen como «pitorros»,
en el Campo Arañuelo con su centro en Navalmoral de la Mata, «galipiernos».
Situación
actual
Hay dos hechos importantes que están llevando a
un cambio de signo en nuestra región, convirtiendo la micofagia en micofilia;
uno es la aparición de la Sociedad Micológica Extremeña y
el otro es la conversión de Moraleja, población del noroeste de
la provincia de Cáceres, en el centro más importante del oeste peninsular
en la recogida y manufactura (desecado, congelación, conserva...) de distintas
especies de setas de consumo, en su mayoría, para la exportación.
Esto implica que el capitulo de recolección de setas es importante desde
el punto de vista económico, lo que deviene en un acercamiento de muchas
personas, hasta hace poco, ajenas a él. Bajo la influencia de estos hechos,
el consumo de setas en la actualidad ha crecido muchísimo no solo en cuanto
a número de individuos sino también en cuanto a cantidades y a diversidad
de especies. Ya se llegan a consumir todas las especies que la ciencia micológica
no descarta, eso si, a nivel de socios de esta Sociedad Micológica y gastrónomos
cercanos a ellos.
Entre
fogones
En la Cocina extremeña, nos encontramos básicamente
platos de «criadillas de tierra», de las que mantenemos la cultura
de nuestros ancestros, constituyendo, casi, una cuestión atávica.
Entre las múltiples formas de su elaboración al amor de la lumbre
destacamos: «Tortilla de criadillas» (se lleva a cabo como la tortilla
de patatas pero cambiando los productos), «Frite extremeño de criadillas»
(como el frite de cabrito pero sin él, aunque sí lleva el hígado
machacado en el mortero), «Menestra de criadillas», «Codornices
con criadillas», «Truchas con criadillas», «Criadillas
en caldereta», «Rebados de criadillas», y un largo etc.
Se debe hacer mención al hilo de las setas hipogeas,
a la receta universalmente famosa «Faisán al modo Alcántara»,
en la que como es sabido intervienen trufas. Esta receta, al igual que otras muchas,
pertenece a nuestra cocina culta, elaborada y transmitida por el triángulo
mágico que constituyeron los Monasterios de Alcántara, Guadalupe
y Yuste.
Futuro
La cuestión es que la «espora» de la
afición al mundo de la micología y a la gastronomía de las
setas ya ha germinado y, por tanto, el tiempo hará que madure y fructifique.
Algunos restauradores de la región ya ofrecen, incluso, varias especies
distintas en su carta y a veces con mucha imaginación y buen hacer, lo
que nos hace pensar que el futuro de este producto natural, de nuestra tierra,
es prometedor y halagüeño.