Una
parte significativa de los regadíos de la región se dedica al cultivo
de frutas, destacando las plantaciones de peral y melocotonero. Gran importancia
reviste, asimismo, la producción de cerezas en las tierras altas de la
provincia de Cáceres (valle del Jerte, en especial). La higuera, árbol
íntimamente ligado a nuestra Extremadura tradicional seca (junto con el
castaño de las tierras más altas y húmedas) no puede quedar fuera de esta
reseña, por su prometedor futuro con la creciente introducción del higo
seco en los mercados internacionales y la progresiva implantación de la
industria transformadora en la región.
La
producción tradicional autóctona de frutas en nuestros pueblos se desprecia,
tal vez por eso, por propia, con lo que tiende a perderse. Incluso en
el medio rural la población se abastece casi exclusivamente de frutas
y verduras distribuidas por las redes comerciales, casi siempre recogida
en verde, con notable pérdida de sabor.
Citemos,
por último, aunque sólo sea en forma de reseña, algunos frutales de cultivo
residual en la región de producción merecedora de ser reintroducida en
la dieta: se trata del granado, el níspero, el membrillero, el acerola,
el azufaifo y el caqui, por unas u otras razones, todos en regresión,
pese a sus grandes virtudes y agradable, sabor.
Respecto
a los dulces, habría que hacer dos grandes grupos: los caseros o populares
y los más sofisticados, provenientes, en su mayoría, de los monasterios.
Entre
los primeros hay una gran variedad, aunque su confección siempre se basa
en el frito, la cocción en horno o incluso al sol, con aquellos productos
que el ama de casa encuentra a mano con facilidad: manteca de cerdo, harina,
huevos y miel, fundamentalmente. Muchos se hacen simplemente a partir
de la masa del pan fermentada, por ejemplo las bollas de chicharrones.
Y todo ello sin olvidar esos postres que tienen como base las frutas cocidas
con azúcar: membrillos, bruños, toronja, etc.
Los
últimos reductos moriscos y judíos, que como bien sabemos permanecieron
en nuestras tierras hasta bien tarde, son los orígenes de los dulces monacales,
que, más elaborados, utilizan preferentemente huevos, miel y almendras,
con la frecuente incorporación de otros frutos secos: nueces, avellanas,
piñones, etc. Es el caso de las hojaldradas, el mazapán, los corazones,
las tartas de almendra, etc.
No
podemos finalizar este "dulce" resumen sin citar la miel extremeña.
La Extremadura variopinta que habitamos produce miel en cantidad apreciable,
aunque menos de la que pudiera.